ERIK LAMELA
Erik Lamela creció de golpe pero todavía es un chico que escucha a sus padres, que no maneja, que cursa 5° año en el Instituto y que disfruta su debut en Primera.
Desde que empecé a jugar soñaba con este momento: me tocó y ahora quiero seguir aprendiendo", se entusiasma el Coco.
A las 7.30 AM le había tocado a papá José serpentear al volante las calles de Carapachay hasta tomar la Panamericana rumbo al Monumental. Y ahora es el turno de mamá Miriam, que espera sobre Udaondo, con el auto encendido. José y Miryam llevan y traen a uno de los chicos del Instituto River Plate. Es un alumno que está a punto de terminar el 5° Bachiller, es el zurdo que el sábado debutó en la Primera y es el flaco que posa para la foto de Olé. Es Erik Lamela, el púber que se transformó en grande a los 17 años.
"Desde que empecé a jugar soñaba con este momento. Me tocó. Ahora quiero seguir disfrutando y aprendiendo". Coco Lamela lo dice mientras sale del vestuario Angel Labruna. Siempre pasó por ahí. Nunca, como el novel futbolista de Primera ("fuerza", lo arengó Falcao en la habitación; "entrá y hacé lo que quieras. Si tenés ganas de tirar un caño, no lo dudes", le dijo Pipo). Y Erik no dudó, como cuando decidió reinventarse a sí mismo: en Inferiores fue petiso y suplente igual que Saviola y D'Alessandro. Hoy es promesa como lo han sido el Pibito y el Cabezón. "Me acuerdo de que hace unos meses fui alcanzapelotas. Hay que ser perseverante, en el fútbol pasan cosas".
-Justamente a vos te pasaron muchas cosas en tu corta carrera, ¿no?
-Sí. Era muy chico cuando fue lo del Barcelona, y se habló mucho de mí. Eso me sirvió como experiencia. Lo importante es que siempre mantuve la cabeza sobre la Tierra.
-¿Y ahora?
-Igual, no voy a cambiar.
-¿Te quedaste conforme con lo que hiciste?
-Sí. Salí con un poco de nervios, pero después me fui soltando y a lo último me sentí re bien.
-¿Lo disfrutaste?
-Un montón. Y por suerte lo viví con mi familia, que me acompañó desde que era chiquitito.
-¿Ellos cómo te vieron?
-Bien. Mi mamá siempre dice que juego bien. Pero mi viejo siempre me encuentra algo. Esta vez no me retó, je. Por eso le regalé la camiseta. El me ayuda siempre a mejorar, porque sabe de fútbol.
-¿Fue más difícil este partido que los que jubabas en el baby?
-Seguro. Recién hace unos meses, en la Reserva, empecé a jugar con tanto público. Acá es otra cosa. Hay otras exigencias.
La adolescencia le llegó tarde a Lamela. Hoy tiene 30 centímetros más que en su explosión mediática ("me acostumbré a jugar con mi nuevo físico, me costó, al principio había perdido velocidad pero ahora me siento más fuerte, más seguro", explica los secretos de la evolución). Y tiene los primeros granitos y la primera novia. Y tiene ganas de ir al viaje de egresados, aunque, por las obligaciones del fútbol, no podrá hacerlo (acaba de renovar ese pasaporte que se le había vencido y que ahora le servirá para tomar el vuelo hacia la pretemporada en Canadá). Y tiene una familia muy unida que decidió quedarse en Buenos Aires cuando los euros del Barsa movían las estanterías de la casa. Y tiene hasta pedidos de entrevistas desde España, donde lo siguen de cerca desde su affaire ("me llamaron para felicitarme"). Y también tiene varias faltas en el colegio, pero conserva la voluntad de finalizar la cursada con un boletín casi perfecto: en los cinco años sólo se llevó Taller de Recreación por no haber podido estar en el campamento de 4°. "Sueño con llegar de la mejor manera a diciembre", confiesa.
-¿Qué otros sueños tenés para este 2009?
-Y... Seguir en la Primera. Esto me dio confianza.
¿Y algo más?
-Ojalá que se me dé algún gol. Y que pueda demostrar que no soy un invento.
OLÉ