Fue una descolorida actuación del equipo Núñez, que apenas rescató un empate con un gol de Funes Mori cuando el partido se terminaba; el 2-2 contra Defensa y Justicia provocó preocupación; ahora, el líder es Gimnasia, de Jujuy
Reconstruir la hoja de ruta, la exigencia de dar un paso firme ante Defensa y Justicia, un rival de piezas maduras, era la meta que se imponía River, que trasladaba la localía a la cancha de San Lorenzo y volvía a jugar sin público. Resultó una falsa actuación, que dejó como lectura que el equipo fue un nudo. El empate 2 a 2 desnudó que River estuvo lejos de entusiasmar y que el libreto necesita ser revisado. La aparición de Rogelio Funes Mori, en el último minuto para marcar la igualdad, cuando todo era desorden y nerviosismo, es el más claro síntoma de las dificultades que encontró ante un rival que estuvo a escasos minutos de hacer historia. Conservó el invicto River, pero perdió la punta y retrocedió en el juego. Ahora, el líder es Gimnasia, de Jujuy, que superó por 2 a 0 a Rosario Central (el otro puntero, hasta ayer).
Empezó con paciencia y control River. Hizo circular la pelota, y aunque el dominio se ejecutó lejos del arco de Defensa y Justicia, podía pensarse que el planteo del rival, sin la rispidez y las marcas pegajosas que le propuso Quilmes hace una semana, le caía a la perfección. Pero las ideas en un equipo que está supuestamente diseñado para ser pensante en un juego de toque y elaboración se fue descontrolando. A medida que el rival ajustó sus movimientos para quitar espacios, la impotencia y la incomodidad aumentaron. El conjunto fallaba, las individualidades no desequilibraban y la ausencia del efecto contagio del público -se jugó a puertas cerradas- lo fueron desmoronando. Ese pasaje de incertidumbre lo captó con astucia Defensa, que no se apartó de su libreto: resistir lejos de la valla de Perafán y ser punzante mediante la velocidad de los volantes externos (Rearte y Díaz) y la peligrosidad de Píriz Alves.
River no se sintió cómodo en el primer tiempo. El traslado era forzado, con demasiadas imprecisiones. Poca sorpresa y escasas asociaciones fueron debilitando el andamiaje. Todo resultaba muy confuso en ataque y demasiado peligroso en esa búsqueda de salir con la pelota jugada desde el fondo. Desenfocado el Chori Domínguez, Aguirre abusaba del pelotazo y Cavenaghi no lograba zafar del achique que imponía la última línea del rival. Enfrente, Defensa aguardó agazapado para lastimar. Domingo quedó varias veces expuesto, desairado ante Bustamante y Rearte, que se cerraba para llegar con peligro al ár